TRASTORNOS DE LOS PRIMEROS AÑOS DE VIDA QUE TAMBIÉN APARECEN EN LA ESCUELA

¿CÓMO AYUDAR A LOS CHICOS CON DISPRAXIA?

Tienen problemas para atarse los cordones, abotonarse las camisas o pinchar y cortar la comida. Dónde tratarlos. 

Por Daniel Calmels. Psicomotricista. Escritor. Autor de “El cuerpo en la escritura”

 y “espacio habitado”. 

              En los primeros 6 años de vida el chico aprende una cantidad de movimientos y gestos que le permiten desenvolverse con cierta autonomía. La mayoría no son movimientos aislados, ni simples contracciones musculares.  Para su ejecución requieren de una participación del pensamiento y están gestados por la necesidad o el deseo. Pensar, sentir y hacer, conforman la red constitutiva de muchisimos actos aprendidos que llamamos praxias.

              Una praxia no es cualquier acción, no lo es un movimiento reflejo, así como tampoco un movimiento aislado, porque las praxias son adquiridas y se constituyen en una secuencia de movimientos.

              Para Jean Piaget las praxias son “ sistemas de movimientos en función de un resultado o de una intención”. Toda praxia se construye y es construida en una relación de aprendizaje con otro (padres, maestros, pares).

  La resolución no exitosa de estos movimientos coordinados se denomina dispraxia. El prefijo griego “dys” indica dificultad, perturbación. Por eso, la dispraxia se diferencia de la apraxia, término que significa falta o ausencia de . Las dispraxia del desarrollo responden a una falla en la construcción de un acto, y no la pérdida de un automatismo, acción previamente aprendida, como sería el caso de una apraxia.

  “En el plano clínico, se trata de niños que son incapaces de llevar a término determinadas secuencias gestuales, o que las realizan con extrema torpeza”.(J. De Ajuriaguerra). Principalmente compromete movimientos especializados. Las praxias del vestido se ven alteradas: hacer el moño de los cordones del calzado; abotonarse la camisa, principalmente los botones del puño; ponerse una campera, entre otras acciones. También los gestos utilizados en la alimentación: pinchar y cortar la comida o servir la bebida.

  Si bien todo esto es motivo de preocupación de los padres y el niño, lo que dimensiona y potencia este trastorno son las dispraxias que comprometen el aprendizaje escolar, en especial la escritura y en un segundo orden el dibujo y la organización del trabajo gráfico.

  El diagnóstico de dispraxia es un acto reservado al profesional, pero en muchas ocasiones es en la escuela donde se suele detectar en épocas tempranas –3 o 4 años- dificultades en la organización de los gestos necesarios para el manejo de los útiles escolares.

  La maestra observa problemas para cortar con la tijera, para pintar. Se da cuenta de que se enchastra más que los demás chicos, y principalmente observa un manejo de la mano: toman mal el lápiz. Las maestras jardineras entonces son las que hacen el primer llamado de atención y en muchas ocasiones piden a los padres que hagan una consulta profesional. El ingreso a la escolaridad también les a los padres primerizos  comparar las producciones de su hijo y sus compañeros.

  A la vez, es necesario discriminar un cuadro de dispraxia, de un desorden severo de la personalidad que compromete el aprendizaje de las praxias manuales, como un indicador más de las problemáticas de la comunicación.

  El concepto de dispraxia fue introducido en el país por los psiquiatras y neurólogos de la infancia. Una referencia ineludible es la especialista Telma Reca, quien junto a sus colegas en la década del 60, incluye la dispraxia y la descripción clínica de diversos trastornos motores y psicomotores.

  En la argentina la disciplina que históricamente se ha ocupado de la reeducación o la terapia adecuada a esta problemática es la psicomotricidad. En el Hospital de clínicas, desde hace más de 20 años el equipo de psicomotricistas de la doctora Lucila Agnese presta tratamiento a los problemas vinculados con los trastornos psicomotores.

 

DIARIO CLARÍN – GUÍA DE LA ENSEÑANZA- Domingo 12 de febrero del 2000.