Dialéctica: una forma de comprender el funcionamiento del equipo docente...


En cada escuela se vive un clima diferente.

Los actores que allí trabajan enriquecen su propia historia y la historia organizacional en cada acto, en cada decisión, en cada encuentro.

Generalmente se observan equipos de trabajo muy diferentes y variados. Pensamos que una de las variables que los distinguen es el modo en que la dirección comprende a ese equipo, desde qué enfoque teórico lo lee y, por lo tanto, qué tipo de intervención realiza.

Invitamos a los directores a agregar una mirada dialéctica a la comprensión habitual de su equipo. Invitamos a los maestros a utilizarla para comprender también a su grupo clase.

A medida que lean seguramente se les irán presentando ejemplos de “ese alumno nuevo que recién se incorpora al grupo” o de “esa maestra que defiende la tradición de la escuela y se niega a cambiar porque sí”. En fin, verán que también reunirse a conversar estos temas en grupo será muy productivo a la hora de recrear estrategias de intervención pedagógica.

 

 

Dialéctica: método particular de aproximarse a la realidad. Los opuestos, la contradicción se hallan en el seno mismo de las cosas.

 

La ley fundamental de la dialéctica es la ley de unidad y lucha de los contrarios, según la cual un objeto no es un objeto homogéneo, sino que está integrado por partes que se contradicen o que son opuestas entre sí. Estos opuestos tienen una relación de complementariedad y de lucha, constituyen una unidad, aunque sufriendo transformaciones.

Desde la dialéctica decimos que, dados un objeto “A” y un objeto “B”, su contrario, “A” no es ciento por ciento “A”; “A” tiene determinadas características de “B” y “B” tiene determinadas características de “A”. Cuando se niega esta unidad de los contrarios y sólo se acepta su oposición estamos frente a un dilema.

Por ejemplo si pensamos en la vida y la muerte como opuestos, estamos negando su unidad y complementariedad; en la medida en que un organismo está vivo, puede seguir vivo porque en él van muriendo determinadas células, o sea, que la vida contiene a la muerte y en la muerte también está presente la vida, en la descomposición de ese organismo que da a otros la posibilidad de seguir viviendo.

 

Todo proceso grupal va atravesando por contradicciones, y estos momentos van quedando en la historia de ese grupo, en su proceso, y van conformando un espiral, al que Pichon Riviere grafica como un cono invertido.

En el dilema lo que está reconocido es la lucha entre los contrarios y lo que está negado es la unidad de esos contrarios. Se reconocen las partes antagónicas luchando entre sí, pero no se puede reconocer la necesariedad que cada polo tiene en relación al otro, las relaciones y las conexiones existentes entre uno y otro polo.

P. Riviere sostiene que en el grupo se puede poner en escena dramáticamente el dilema, a través del enfrentamiento entre los integrantes, donde unos asumen un aspecto de la contradicción y otros asumen el otro. Cuando aparece el estereotipo la espiral dialéctica se cierra y se transforma en un círculo vicioso, donde se instala el dilema.

Las contradicciones que encontramos en todo proceso grupal son cinco. Aunque podrán existir muchas otras estas son las básicas y más habituales.

Estas contradicciones no se terminan de resolver nunca, y precisamente es lo que garantiza la continuidad del proyecto. Si todas o alguna llegase a una resolución última, el  proceso se congela, termina y muere. Lo que ocurre es que van atravesando distintos niveles de resolución, se van produciendo diferentes síntesis vinculadas a cada uno de estos polos, que van haciendo que el proceso vaya avanzando.

Las cinco contradicciones básicas son:

 

Sujeto-grupo:

El grupo contiene al polo sujeto, porque está integrado por sujetos. Y el sujeto contiene al polo grupo desde el concepto de grupo interno (personajes que pueblan nuestra interioridad).

Esta contradicción es fundamental desde el punto de vista del proceso grupal, durante el cual va adquiriendo en distintos momentos distintas características. Habrá momentos de predominancia del polo subjetivo y otros de predominancia del polo grupal.

El comienzo de un grupo es un ejemplo de la primera predominancia nombrada, ya que es un momento altamente transferencial y proyectivo, el que se produce un deslizamiento del mundo interno del sujeto hacia el mundo externo.

En cambio cuando predomina el polo grupo se presenta una fantasía de uniformidad, desde la cual todos son iguales, se niegan las características individuales y aparece el temor a la pérdida de la individualidad. Ante esta fantasía de igualdad, la diferencia puede proyectarse fuera del grupo (otro grupo, la organización, etc.) y entonces el propio grupo adquiere su identidad por oposición. Puede suceder también que la oposición se manifieste con algún integrante del grupo generándose así situaciones de chivaje o liderazgo. En otros casos pueden organizarse dos sub-grupos y la contradicción se presentaría como nos-otros y los-otros.

Éstas son distintas alternativas que puede ir teniendo dialécticamente la contradicción sujeto-grupo. Cuando alguna de estas situaciones se congela, se convierte en un estereotipo, no hay posibilidades de modificación y se plantearía una situación dilemática.

La coherencia no sería la ausencia de contradicción, sino la posibilidad de tolerar las propias contradicciones, problematizarlas y poder trabajarlas.

 

Lo nuevo-lo viejo:

Lo viejo ha sido nuevo alguna vez, y el destino de todo aquello que es nuevo es convertirse en viejo. Esto tiene que ver también con los logros que un grupo alcanza; un logro que en un determinado momento es un logro del grupo, en otro momento puede convertirse en un obstáculo del grupo. Por ejemplo: si a un grupo le costó mucho llegar a un determinado nivel de pertenencia e integración, cuando se alcanza es un “logro del grupo”; pero ese mismo nivel de integración y pertenencia puede de pronto resultar un obstáculo que dificulte el ingreso de nuevos integrantes, o impida un adecuado cierre de ese proceso grupal.

Ante situaciones concretas de aprendizaje muchas veces sentimos que aquello nuevo que se nos presenta viene a cuestionar lo que ya forma parte de nuestro bagaje de conocimientos y experiencias. Esto nos provoca una desestructuración que persiste hasta que conseguimos un nuevo equilibrio dinámico.

 

Lo manifiesto-lo latente:

El emergente es lo que sintetiza aquello latente que aparece a nivel de lo manifiesto. Generalmente lo latente, en algún momento, ha sido manifiesto. Cuando se dilematizan estos polos en un grupo y no puede visualizarse lo latente, el grupo permanece absolutamente ajeno a lo que sucede en el nivel implícito; se abocan a la tarea que los convoca, pero no pueden trabajar sobre los obstáculos que se presentan a nivel vincular. Por el contrario, cuando el grupo se sumerge en el acontecer latente, no pueden ver lo manifiesto ni centrarse en la tarea explícita.

La tarea del coordinador es ayudar al grupo a resolver los obstáculos que se presentan, interpretar los emergentes y favorecer la lectura que el propio grupo pueda hacer de aquellas situaciones por las que van atravesando a lo largo del proceso.

 

Proyecto-resistencia al cambio:

Un grupo es un lugar en el que permanentemente estamos exigidos a acomodaciones y adaptaciones sucesivas a la realidad. En la situación grupal tenemos que estar desestructurando situaciones y reestructurando nuevamente, en un proceso continuo, lo que significa una situación de cambio. Frente a estas situaciones de cambio las ansiedades pueden ascender a montos elevados, configurando, de esa manera, la resistencia al cambio. (Aquí puede aparecer el rol del saboteador, que aunque sea por un momento, se hace cargo de la resistencia). 

Necesidad-satisfacción:

Para que exista registro de la necesidad debe haber existido previamente una experiencia de satisfacción, y para que exista la vivencia de satisfacción debe haber existido alguna vez el registro de necesidad. Cuando se satisface una necesidad surgen indirectamente otras necesidades.

El dilema se produce cuando alguno de los polos es negado, es colocado afuera, y en dicho caso se ha realizado una depositación. Por ejemplo: negamos en nosotros mismos una necesidad, la depositamos en un compañero, es él el carenciado, el necesitado y nosotros nos quedamos con la satisfacción, estamos absolutamente enteros, terminados, y así evitamos, el menos momentáneamente, nuestro registro de necesidad.